viernes, 26 de marzo de 2010
VISTO EN LA SEXTA
martes, 9 de marzo de 2010
EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA
domingo, 7 de marzo de 2010
BAEZA Y ÚBEDA: TRÍPTICO DE UN VIAJE (I)
Según la RAE en su edición online, belleza es toda aquella propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual, que existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas. Concretamente, cuando se refiere a belleza artística, nos indica que es la que se produce de modo cabal y conforme a los principios estéticos, por citación de la naturaleza o por intuición del espíritu.
Por razones topo, oro y geográficas, a lo largo de toda mi vida, el concepto de belleza paisajística ha estado íntimamente relacionado con la naturaleza y los colores: Patios de blancas paredes repletos de mil una flores, macetas de geranios y verdes rejas (mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, escribía Machado) El olor a sal de las playas de arena fina, los mil y un tonos de azul del mar fundiéndose con el cielo en el horizonte (el mar, la mar, el mar. ¡Sólo la mar!, Alberti) Los jardines, campos, bosques, montes y sierras (verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. Lorca) La mezcolanza romana, árabe, cristiana de monumentos, edificios, restos…
Estampas de una infancia y adolescencia que chocaron de lleno con el patrón de belleza existente en las ciudades de Úbeda y Baeza.
Mi primera impresión fue que habíamos salido de Andalucía: el tiempo no acompañaba (habíamos llegamos en medio de un temporal. Lluvia, cielo gris, aire, fresquito…), en las calles se respiraba cierto aire de sobriedad (a juego con el conjunto histórico) y el centro de la ciudad resultaba solemnemente monumental.
Más tarde vi la luz, o mejor dicho, la piedra: la clave estaba en la piedra. Me encontraba en medio de un gigantesco museo arqueológico al aire libre dedicado a la arquitectura, en el que podría disfrutar de un amplio catálogo sobre el renacimiento español: casas, palacios, hospitales, iglesias, capillas… El interés residía en los monumentos dispuestos a nuestro alrededor, en su historia, en su majestuosidad, en su conservación… en la piedra.
Tan solemne conjunto histórico–artístico despertó una gran duda: ¿Por qué la existencia y disposición de “tanta piedra” hace que la gente considere al pueblo bonito?
No es que no me gustase aquel lugar (que me gustó), no es que no me impactase (que me impactó) lo bien conservado y limpio que estaba todo… a pesar del plan E, no es que no me pareciese bonito y bello (que me lo pareció), pero no puedo evitar preguntarme qué razones son las que llevan a la Unesco a considerar a Úbeda y Baeza Patrimonio de la Humanidad y no, por ejemplo, al conjunto de los Pueblos Blancos de la Provincia de Cádiz o a la Playa de Bolonia.
No dudo de la importancia histórica de cada monumento y de lo vital de su cuidado y preservación, pero, más allá de lo que piensen los profesionales del arte y los de la enseñanza del mismo… ¿cuántos de los que pisamos las tierras de Úbeda y Baeza somos capaces de apreciar mínimamente la belleza e importancia de lo que contemplamos al pasear por sus calles? ¿Cuántos estamos preparados o capacitados para comprender lo que, autores como Vandelvira, hicieron, quisieron decir y representaron en los edificios que en esas ciudades construyeron? ¿Cuántos podemos considerar estas obras como artísticamente bellas atendiendo al significado de la RAE?
Adolfo Domínguez pronunció “La arruga es bella”, la Unesco dijo que lo era la piedra.
martes, 2 de marzo de 2010
En la Universidad de Baeza
domingo, 28 de febrero de 2010
AHORA VENGO
miércoles, 24 de febrero de 2010
RESPE(C)TO AL RESPETO
Dado el nivel de agitación que se respira en el aula, se intenta llevar a cabo un debate que, por un lado canalice las ganas de “comentar la jugada” del alumnado, y por otro (obviamente) intente acercar y apaciguar a las partes en conflicto.
Se logra que la chica pida perdón al agredido y que la clase entienda que todo tiene que quedar ahí, con las paces de los implicados. Pero… él lo tiene claro: le ha agredido y esto sólo puede solucionarse a través de la devolución física del golpe; entiende que está mal pegar a una chica… por eso buscará a una amiga que ejecute su venganza por él.
Y saca a colación la palabra: respeto.
No pueden quedar impunes los golpes, no puede perdonar a su compañera, aún menos el asumir su responsabilidad como agitador y causante de toda la situación. “Es cuestión de respeto. De hacerse respetar por los demás. Si te pegan, devuelves el golpe. Siempre. No hay excusa” Tras sus palabras, la mitad de los chicos de la clase cambian de opinión y le muestran su apoyo: “Maestro, no puedes dejar que te pegue una niña”
martes, 16 de febrero de 2010
SIEMPRE QUISE SER GUITARRERO
Se habla mucho de la extraña e incomprensible falta de habilidad y destreza de los españoles a la hora de estudiar idiomas (generalmente inglés): la eterna promesa de cada nuevo año, los cursos que se inician (por fascículos, presenciales, virtuales) y se dejan a medias, el cíclico auge-declive de las academias de idiomas… Ni Muzzy, los Lunnis, o Rosa Iglesias (asesora pedagógica de CCC)… ni siquiera el profesor Maurer (y su método de 1000 palabras) se lo explican, pero es así. Hasta que no nos implanten un puerto USB en el cerebro… aquí el inglés únicamente será dominado por esa rara avis de ejecutivos, deportistas de élite, y maestros y profesores de inglés titulados. ¡Ni los presidentes de nuestro país lo chapurrean de forma mínimamente decente! Pero no nos desviemos.
Lejos de preocuparme mi escaso dominio de cualquier idioma (incluido el español), si algo remuerde mi conciencia y me corroe por dentro es el no haber sido lo suficientemente decidido, constante y espabilado en su día como para aprender (al menos) las nociones básicas para manejar este instrumento. No es que crea que pudiera haber tenido una carrera musical, pero sí que ahora no tendría esta “espinita”.
Hoy, con la crisis de valores, identidad y futuro de los jóvenes y adolescentes, y sobre todo con el auge de las nuevas tecnologías, la “spanish guitar” no es lo que era. Su papel de aglutinador social, cohesionador de grupos e instrumento para la diversión (y en algunas ocasiones, incluso para ligar) recae hoy en las videoconsolas (ps2, ps3, psp, ds, xbox, wii…) y todas las miradas se dirigen a la tita teuve.
A mi esta moda me pilla a traspiés. Pertenezco a una generación sin identidad que creció entre las veladas con una guitarra cantando a la luz y el calor de una fogata y las tardes-noches “dándole a la play” en la casa de fulanito. Y mis dedos porrones dan buena cuenta de ello al carecer de la flexibilidad necesaria para tocar acordes (Acordes, qué gran canción de los Pecos) y de la rapidez de reflejos para correr, recibir el balón y dar un pase corto con la “x”.
Los adolescentes me consideran viejo por decir “walkman” al “ipod” ¿Qué dirían de mí si les explicara que en las reuniones el que más ligaba y al que más se acercaban las chicas era al de la guitarra, que con la guitarra española se hacía música sin enchufarla o que no era necesario poner el singstar para cantar?
El pasado fin de semana, poseído por el espíritu consumista y dispuesto a acabar con este trauma (al menos en parte), me compré el pack GuitarJirou (con juego y guitarra de botones) para la play.
Cuando abrí la caja, todo se iluminó: ahí estaba, la guitarra, lo que me faltaba para acabar con ese episodio oscuro de mi pasado… lo que me faltaba para ser un friki completo. Todo cambiaría.
A la media hora aún no sabía bien como iba aquello, a la hora apenas conseguía segui
r el nivel fácil. A las dos horas me sorprendía guitándole a la tele: “¡Más despacio!” A las tres horas iba buscando las canciones más melódicas a ver si con las lentas la cosa iba a mejor. A las cuatro horas comencé a seguir un pequeño dolor en la mano izquierda. A las cinco horas descubrí que había una opción para ir cargando y liberando canciones (“modo historia” se hace llamar) y apagué. Por supuesto, de cara al exterior, todo maravilloso.
A la mañana siguiente busqué una víctima con la que cargar toda mi frustración: un duelo “a cara perro” con mi hermana, que no había manejado esto en su vida. Era el momento de poner sobre la mesa lo poco que hubiera sacado. La víctima perfecta. Los dioses estaban de mi lado. En la primera partida le saqué casi mil puntos (y eso que no quería ir de sobrado) En la segunda me ganó por paliza (“Me he dejado para que no te enfades” –le dije– “y apaguemos esto que nos están esperando para comer”)
Si me hubieseis preguntado (con motivo del post aniversario) cuál es una de las mayores frustraciones de mi vida, hubiera respondido: aprender a tocar la guitarra... como los scouts en sus fogatas.